EL ¿DESASTROSO? RETRASO DEL SEGUNDO PUENTE

En estos días vemos cómo políticos de distintos colores se rasgan las vestiduras por la acumulación de retrasos en las obras del segundo puente. El caso más singular es el de la Alcaldesa de Cádiz, que, en grosera imitación del movimiento 15M, incluso ha llegado a amenazar con movilizaciones, como si no hubiera problemas más graves por los que manifestarse.
Esta descomunal obra, con un coste de 360 millones de euros, se está ejecutando sin que se haya analizado con rigurosidad técnica la existencia de soluciones más económicas y eficaces al transporte en la Bahía de Cádiz. De hecho, si a cualquier experto en movilidad urbana le dieran este dinero para resolver los problemas de movilidad de la Bahía, seguramente lo último que haría sería el faraónico proyecto. Así lo han indicado ya voces autorizadas, que alertan sobre el demostrado efecto de inducción de coches de este tipo de obras, como Eduardo Mangada, padre del antiguo PGOU de Cádiz, que en un diario local hace algún tiempo apuntaba sus dudas sobre la efectividad del segundo puente como acceso a la capital. Para él hubiera sido más efectivo crear grandes bolsas de aparcamientos disuasorios y una apuesta por el transporte público, advirtiendo de que “la propia estructura de Cádiz y en especial la trama urbana de intramuros va a peligrar con el chorro de coches que introducirá el puente, sin capacidad para absorberlos”. Con estas premisas se puede anticipar que el tercer acceso se consolidará como el medio más rápido para llegar a un atasco en Cádiz.
Sin duda, a pesar de lo que digan algunos, está demostrado el efecto de inducción y aumento del número de coches que conllevará la construcción del puente. El informe oficial británico del SACTRA (Comité Consultivo Permanente de Evaluación de las Carreteras), sobre inducción de tráfico, estableció hace más de veinte años ese fenómeno según el cual el incremento de la capacidad viaria tiende a generar nuevos viajes que de otra manera no se habrían producido. Posteriores estudios han confirmado estas conclusiones.
El tercer acceso a Cádiz forma parte de una visión global reaccionaria de la movilidad: privada frente a lo colectivo, que anima a la movilidad insostenible, que supedita las necesidades de los ciudadanos de la Bahía al insostenible modelo de ciudad del PP para Cádiz y se relaciona con la política de proliferación de aparcamientos subterráneos como negocio. Todo ello en detrimento de la calidad de vida del ciudadano gaditano, condenado a vivir rodeado de coches.
Aparte del despropósito en términos de movilidad, es ineludible el debate sobre el coste de oportunidad de esta política de las grandes obras, del culto a la megalomanía y al corte de cintas. El coste del puente hipotecará sin duda por muchos años otro tipo de inversiones públicas mucho más necesarias para nuestra mancomunidad. Por lo que también es necesario un debate sobre la idoneidad de la aplicación de los fondos públicos a estas grandes obras en estos tiempos de recortes, mientras sufrimos carencias en, por ejemplo, salud, educación, justicia u otras infraestructuras de mayor interés social.
Si hablamos de empleo, el coste de oportunidad también resulta calamitoso. Sin duda me solidarizo con los pocos trabajadores empleados en la construcción del puente que viven con el miedo metido en el cuerpo tras tanto anuncio de paralización, sólo son las enésimas víctimas del modelo económico del hormigón y el ladrillo. Pero una inversión de 360 millones enfocada a incentivar la pequeña y mediana empresa sería infinitamente más efectiva para generar empleo que la construcción del puente. Poniendo un ejemplo, una PYME de tres trabajadores que participa en todos los programas vigentes de la Junta de Andalucía, puede ser receptora de unos 33.000 euros en acciones relacionadas con el inicio de su actividad (apoyo en el plan de comercio, gastos de alquiler y mantenimiento, incentivos a la contratación, formación, …). Con los 360 millones de marras se podrían incentivar integralmente unas 11.000 PYMEs, con 33.000 personas trabajando. Evidentemente sería necesario que la ciudadanía tuviera mucho espíritu emprendedor para generar este volumen de empleo, pero desde luego este tipo de incentivos ayudarían a empezar. No cuento con datos del personal que emplea la obra del segundo puente, pero sin duda no resistirían comparación alguna.
También es necesario hacer una referencia a la hora de hablar de empleo de la ausencia de coordinación en el diseño del puente con las actividades de construcción naval de Navantia y las que se anuncian de fabricación de plataformas eólicas marinas. ¿No deberían haber contemplado nuestras autoridades la integración de la escasísima actividad industrial de la Bahía de Cádiz con esta desmesura de infraestructura? ¿No llega un poco tarde el anunciado apoyo a la energía eólica marina, cuando PSOE, PP e IU han puesto todo tipo de trabas para su desarrollo real? Ya en el 2004, en plena demencia “ladrillista”, Los Verdes pedíamos que se diera el salto en este sentido, apostando resueltamente por las energías limpias. Aunque lo sentimos por los años perdidos, el tiempo nos da la razón, como casi siempre. Cuando hablamos de empleo también.
Por no hablar de la apuesta tardía por reservar una plataforma al tren tranvía, lo único razonable de esta obra y, paradójicamente, otro motivo adicional del retraso en su ejecución.
En definitiva, un “gran” proyecto que lo único grande que va a aportar a la Bahía será una gran migraña. Resultan ofensivas las comparaciones que se hacen del puente con la Constitución, como si el reto que tuvieron los constituyentes entonces fueran los retos del hormigón y la sinrazón. Si se ralentiza esta obra generadora de problemas, despilfarradora, ineficaz y paradigmática de un modelo de desarrollo periclitado, no habrá motivo para celebraciones, pero será un símbolo de cómo las administraciones aumentan los problemas, en vez de aportar soluciones.
Iván Canca Torres
Portavoz de EQUO Los Verdes de Puerto Real
Mi agradecimiento a las personas que han contribuido a la redacción de este artículo.
Foto: La Voz digital

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